Revista Otra Economía
Revista Latinoamericana de Economía Social y Solidaria
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El Banco de Horas y la creación de una moneda propia a partir de la cooperativa escolar Olga Cossetini
Cordoba

Un grupo de familias de Capilla del Monte, a 100 kilómetros de la capital provincial, se las ingenia para sobrevivir a la crisis económica mediante un emprendimiento comunitario que acaba de merecer una distinción de la Fundación Ashoka, que premia las ideas innovadoras de emprendedores sociales.

El reconocimiento fue para la Cooperativa Educacional Olga Cossettini por la creación de su banco de horas comunitario, cuyos "clientes" se manejan con su propio valor: el "Cossettón".
Las compras en la proveeduría se realizan con las libretas donde se inscriben las horas trabajadas. Según los impulsores de la iniciativa, se trata de un sistema económico alternativo surgido como "una forma de multiplicación del compromiso genuino de los voluntarios, que mejora ciclos de consumo y producción local de recursos". "Es un elemento de transacción social que no tiene nada que ver con un club de trueque, porque éste no posee un respaldo en especie y no está apoyando una causa social", aclaró el presidente de la cooperativa, Marcelo Caldano.
El banco tiene un capital constituido por donaciones, regula las horas de trabajo de los miembros de la cooperativa y emite los valores correspondientes a esas horas con el compromiso de pagarlos en especie. De tal modo, las familias pueden abastecerse de alimentos, ropas o la prestación de diversos servicios.

Inspirados en la línea de la pedagoga Olga Cossettini, padres y docentes crearon una cooperativa, hace cuatro años, para montar una escuela alternativa para sus hijos, que en la actualidad tiene 50 alumnos de nivel inicial y primario con orientación al arte. "La idea partió de cuatro o cinco familias preocupadas por la futura enseñanza de sus hijos, que pensábamos en distintas líneas pedagógicas, hasta que se encendió la chispa con la experiencia de Olga Cossettini, y así acordamos con docentes interesados en el proyecto para emprender la obra", dijo Caldano. "Después -prosiguió-, los padres vimos cuál era la forma asociativa que capitalizara al grupo como dueña de la escuela, y se convino la formación de la cooperativa que hoy cuenta con matrícula nacional. "Como establecimiento educativo -señaló-, somos una escuela no adscripta a la enseñanza oficial porque no estamos en condiciones de cumplir las exigencias de la ley en materia edilicia.

Para convalidar los estudios, los chicos deben rendir un examen en una escuela pública. "De todos modos, se proponen elevar a consideración del Ministerio de Educación de Córdoba la propuesta pedagógica, administrativa y edilicia para su reconocimiento oficial. Puntapié inicial. si bien los padres deben aportar una cuota mensual de 35 pesos, en medio de una crisis que a muchos les resulta muy difícil afrontar, razón por la cual no se pueden soportar los costos de funcionamiento de la escuela. Frente a ello se decidió gestionar donaciones, desarrollar microemprendimientos asociados entre los padres y la cooperativa para cubrir el faltante. Ese fue el puntapié inicial del banco de horas comunitario. En este sentido, explicó: "Luego del primer año de actividades vimos que la participación de los padres para llevar adelante la propuesta de contención de la escuela era despareja, no por maldad o indiferencia, sino porque muchas veces los que tienen trabajo están ocupados y quienes no lo poseen o están carecientes ponían mucho tiempo a disposición de este sistema".

Las alternativas para equilibrar las cargas eran dos: se obligaba a todos a poner el mismo tiempo de trabajo, además de la cuota, o se compensaba de alguna manera a los que trabajaban para la escuela. Fue así que surgió el banco de horas. Para los padres que trabajan en la confección de material didáctico, mantenimiento, jardinería, mudanza, administración, se acordó tasar en tres pesos la hora de labor, y registrar el tiempo de actividad de las distintas familias en una libreta de trabajo comunitario. La cooperativa se comprometió a pagar esas horas de trabajo en especie, fruto de donaciones de terceros (empresas, instituciones o particulares) o de los propios padres. "El banco está coordinado por Susana Carlos, una de las madres, y todos los padres estamos asociados, donándole un equivalente a 15 pesos por mes con trabajo para respaldar a la cooperativa", precisó Caldano. El aportante de mano de obra, servicios o especie se acredita en una libreta y recibe como pago el "Cossettón", que es negociable y puede canjearse por mercaderías o por la prestación de servicios (médico, albañil, electricista, plomero).

Por ejemplo, una empresa automotriz donó a la cooperativa una partida de maderas estacionadas utilizadas para el embalaje de autopiezas traídas desde Estados Unidos. Ese material fue "vendido" a distintas familias que lo pagan con "Cossettones". Así, una familia construyó buena parte de su vivienda con ese material, y otras lo usaron para revestimientos, fabricación de muebles o realización de artesanías. "Las instituciones del tercer sector estamos abordando un nuevo sistema de donaciones articulado de forma tal que efectivice nuestras misiones institucionales y al mismo tiempo esté capitalizado. Este es un autoimpuesto con aporte de trabajo o especie. En esto no hay ni un peso", manifestó Caldano. Los cooperativistas proponen que el proyecto sea imitado por otras instituciones sin fines de lucro como bomberos, madres solidarias, Caritas. Liliana Martín, vicepresidenta de la cooperativa, miembro de la Junta Promotora del Plan de Desarrollo Integral de Capilla del Monte, impulsa la instrumentación del banco de horas para toda la comunidad local.






Comentarios
    12 Mar 2010 04:25   pforbbf
qzmWkSdpJnQeRCCjcMy
 
    03 May 2010 09:18   eldwkvos
qrqSdjBfNp
 
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